No me grites, que no te veo. Hay que reconocer que no se ha ganado una GALLETA de milagro. Destripemos esto como es debido. Para dar sustos de este tipo, lo inesperado es el mejor recurso. Pareja enamorada paseando por la calle… ¡toma berrido! Chica tumbada en un banco y disfrutando del calor que le proporciona el sol… ¡a joder la marrana! Pero el que se dispone a sacar el ticket para aparcar se lo toma un poquito mal , y lanza -por decir algo- una patada voladora al incordiador. No me grites, que no te veo.

Dímelo a mí, que no tuve tanta suerte.