Comer, comer. Hermoso el roedor (un poco bola, ¿no?) y con mala suerte, el pobre. La competencia, las gallinas, los cuervos, la vaca. Su sino parece ser no pegar bocado en ese camino. Lo cruel -para más inri- es la lluvia de vegetales que debe contemplar, pero no catar. Comer, comer. Animalito… si a perro flaco todo son pulgas, y en este caso, a roedor glotón y gordito, verás mucho pero comerás poquito. Comer, comer.

¡Qué pasa, primo! ¿Te apetece salir a buscar unas setas?