Ponte en sus zapatos. Pobre presidente del banco mundial. Su reputación por los suelos; ponte en sus zapatos. Y es que, seguramente, esos calcetines los había estrenado el mismo día de su visita, seguro que eran nuevos. No te rías, ponte en sus zapatos. El problema no son los calcetines, si son viejos o nuevos… El problema es otro: ¡Las uñas de los pies! ¡Las debe de tener como mejillones! Córtatelas, albóndiga, que luego rajas como una navaja de albacete. Seguro que también les hiciste marcas en el parquet… ¡Animal! No tienes cabeza… ponte en sus zapatos.

Yo también rompo los calcetines con mis uñas.