Si no lo veo, no lo creo

De verdad. Si no lo veo, no lo creo

Si no lo veo, no lo creo. Hay toñas que duelen sólo verlas (y algunas hay que verlas con los ojos entrecerrados, ¿eh?). la gente ve estos tortazos y luego pueden contar las escenas de muchas maneras. Todo depende del cristal con que se mire, tal y como reza el dicho. No tiene desperdicio. Me encantan las películas de miedo. Siempre he disfrutado con la sensación que produce la aceleración del pulso, la subida de adrenalina, el nudo en la garganta… ¿Habrán disfrutado los protagonistas del siguiente video con los sustos recibidos? Lo dudo mucho.

Está el patio para sustos, ¿verdad? Si no lo veo, no lo creo. Siempre anima saber que, al menos, hay otros momentos placenteros, momentos de alegría. Aunque no se falta a la verdad cuando se dice que para que existan momentos buenos, deben haber momentos malos, y viceversa. Mucho cuidado en casa. Aquí tampoco estamos seguros al cien por cien. Podemos sufrir los accidentes más frikis y recibir los sustos más inesperados en cualquier momento y, lo peor, de cualquiera. Cría cuervos… Si no lo veo, no lo creo.

Si no lo veo, no lo creo. Estemos con quien estemos y en el lugar que estemos, nunca podremos controlar al cien por cien las situaciones. ¿Quién sabe cuál es el peligro número uno (si os suena esto, la culpa es del Corte Inglés), dependiendo del contexto? Después de la tempestad llega la calma. Pues eso, una vuelta a la calma -como al finalizar las sesiones de ejercicio físico- puede ser un buen final. Y si además lo hacemos con un temazo instrumental de Mark Knofler, mejor que mejor. Disfrutad del día y sed felices.

Si no lo veo, no lo creo

Si no lo veo, no lo creo.



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