No me hagas daño

No me hagas daño, por favor

No me hagas daño. Sólo te pido eso. Todos conocemos a un manitas o tenemos un familiar capaz de construir o arreglar de todo. Pero el caso contrario, el colega o familiar patoso, también coexiste con nosotros. Cuidado, no me hagas daño. En la mayoría de los casos son personas cenizas o con mala suerte, que parecen estar gafados o atrapados por el infortunio. Para ellos, y para bien nuestro, también, dedico este práctico invento. Podríamos llamarla… la máquina antialbóndigas. Una máquina a la que evitarás decirle no me hagas daño.

No me hagas daño

Despacito, despacito... no sea que me rompa la crisma



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