Fuego, fuego. Explícito el niño, ¿verdad? Vamos, que no se anda por las ramas. Fuego, fuego. Como comentarista deportivo no tendría precio. Desde luego rompería moldes. No obstante, siempre los hay originales y extravagantes, como este, e imitadores de tercera fila (para ser un friki de verdad hay que serlo, no parecerlo o intentar serlo). ¿Qué hará la próxima vez que alguien grite? Tela con el fuego, fuego.

Los trapos sucios se lavan en casa. Y lo otro también, guapetón.