Aguanta el tipo; quiero que lo hagas. ¿Quién le iba a decir a este hombre que un simple reportaje en una calle nevada podía ser más peligroso que el trabajo de un reportero de guerra? Pero sus jefes insistieron; quiero que lo hagas. Seguro que cuando llegue al hotel tiene nieve hasta en la ropa interior. Pero, ¿y qué esperaba rodeado de tanto niño sin ir al colegio por el temporal? Se la jugó y perdió. Debió pensar aquello de… dejad que los niños se acerquen a mí. Y mira tú por dónde, ¡sorpresa! A ver si la próxima vez hace caso a quien le pida quiero que lo hagas.

¡Quién lo iba a decir! Parecían unas criaturas tan tiernas...