Pobre hombre. Sabes que te miran. Él, dedicándose tantos años a su trabajo (y a los desnudos femeninos), y acaba despedido. El asunto es el siguiente. El jefe de una empresa ofrece una entrevista a la televisión, una entrevista en directo. Detrás, a su izquierda de la imagen, se puede ver a un empleado trabajando frente a un ordenador (hay cristales entre el jefe de la empresa y lo que parecen unas oficinas). El empleado, ajeno a que su jefe está en una sala ofreciendo la entrevista y que él sale perfectamente en la toma, decide mirar unas fotografías subidas de tono. Nadie se acercó para decirle: oye, sabes que te miran. Esto ocurrió la semana pasada y el caliente del ordenador ya ha sido despedido. Ahora… sabes que te miran ¿Por qué el empresario no sacó más partido de su empleado -le podía haber cantado las cuarenta igual- concertando otra entrevista en directo con él? Hubiera sacado una pasta y publicidad para su empresa. ¡Menudo albóndiga! Esperemos que sea ahora el empleado quien dé la entrevista y saque tajada. Así la próxima vez, algún compañero puede que le diga… sabes que te miran.

Currante, se te acabó eso de babear delante de la pantalla en horas de trabajo.