Se me pone la carne de gallina. Los vehículos, una vez más hay que decirlo, son para disfrutar, no para fracturarse huesos o terminar en un ataud (a veces puede ocurrir por accidente, pero en estas imágenes los accidentes son provocados por falta de prudencia). Se me pone la carne de gallina. Las motos, en este caso, son vehículos atractivos y que ofrecen mucha libertad (quien sea motero lo entenderá), pero no todo el mundo es Valentino Rossi y puede hacer lo que hace él, y ni él haría -por prudencia- las locuras de algunos atrapados que conducen como los patos. Por mi parte, se me pone la carne de gallina.

Chavales, circulemos con cabeza, que tenemos que acabar enteros.