¿Qué piensas de mí?

¿Qué piensas de mí, cariño?

¿Qué piensas de mí? Como decía… ¡ah, sí! Cómo se ve uno a sí mismo y cómo le ven los demás. Ese es el quid de la cuestión. ¿Qué piensas de mí? La señora rubia, perrito/a en mano, es coqueta como una croqueta -sé que no tiene nada que ver, pero rima-, se ve guapa, se arregla y está encantada de conocerse. No obstante, está un poco crecidita. Parece con la necesidad de preguntar: ¿qué piensas de mí? Todos tenemos nuestras limitaciones y la edad no pasa en balde (siempre hay quien parece haber hecho un pacto con el diablo para no envejecer). ¿Adónde quiero llegar con esto? Sencillamente… las mallas sobran, callejeros. Le hace parecer una morcilla de Burgos. Más que nada por si se le había pasado por la cabeza el preguntar… ¿qué piensas de mí?

¿Qué piensas de mí?

Yo sí que soy guapa y no ese callo malayo.



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